La noche anterior a mi vuelo dormí en casa de Mónica, mi mejor amiga. Charlamos hasta el amanecer como si fuera nuestro último encuentro, como si pudiéramos predecir que la distancia nos apartaría inevitablemente.

Al otro día me esperaban mi mamá y mi hermano para ayudarme a armar las dos maletas que viajarían conmigo a Alemania. Llevaba días organizando y regalando las cosas que había acumulado durante mis años de trabajo en Bogotá y que sabía no podía llevarme. Dos maletas son poco, cuando se viaja sin tener certeza de un pronto regreso.

En la puerta de abordaje del aeropuerto internacional El Dorado en Bogotá tengo grabado el rostro de mi mamá, quien con dificultad intentó disimular su tristeza para alentarme como siempre a seguir adelante, aunque eso implicara saltar un océano. A ella, a mi familia, a mis amigos, a mi país y todo lo conocido hasta ese momento los dejaba a ese lado; en el otro me esperaba mi esposo, quien viajó dos meses antes para alistar lo que sería nuestro nuevo hogar.

Después de 12 horas de vuelo y con una diferencia horaria de 7 horas llegué al otro mundo. A la salida del terminal 2 del aeropuerto internacional de Frankfurt me esperaba un día lluvioso de mayo y la sonrisa de mi esposo. De camino a casa en el tren solo recuerdo nuestras caras de felicidad, porque finalmente después de dos meses de distancia estábamos los dos juntos, esta vez en su país,  listos para empezar una nueva aventura.

Mis primeros días en Alemania fueron de idilio porque llegué para disfrutar las vacaciones que por cuestiones de trabajo no me había podido tomar en tres años. Así que sin afanes, me dediqué a explorar y conocer mi nuevo hogar, cual niño cuando está aprendiendo a caminar.

Aunque ya había estado en Alemania en el año 2012 por invitación del DAAD (Deutscher Akademischer Austauschdienst), el tiempo fue muy corto para conocer cómo funciona la sociedad alemana y en especial cómo se desenvuelve la vida diaria de un inmigrante latino en un país culturalmente distinto.

¿Y por qué no escribes un blog sobre la vida en Alemania? me sugirió mi esposo en una de esas tardes calurosas al pie del lago a pocas calles de nuestro primer hogar. Quizás cansado de escuchar a diario mi lista de historias y anécdotas sobre todo aquello que me sorprendía, pero que para los ojos de un alemán son simplemente banalidades.

La idea del blog “Al Otro Lado del Charco” se la debo a él. Este ha sido mi refugio online, la forma de mantenerme conectada con mi idioma, de buscar mi camino profesional, pero también de empezar a conectarme con la comunidad de hispanos, especialmente de colombianos que viven en Alemania.

Pasito a pasito como dice la canción empecé a adentrarme en la cultura alemana y fui entendiendo que esto de la integración en un nuevo país no es cosa de días. Idealicé en mi cabeza que después de mis vacaciones me  tomaría solo algunos meses aprender alemán, hacer amigos y encontrar un trabajo para retomar mi carrera profesional.

A los pocos meses me di cuenta que encontrar mi camino en Alemania no sería tan sencillo. Pero el cambio me forzó a ver otras posibilidades, a reorientar mi carrera profesional a las necesidades del contexto, y en especial a ver mi futuro desde otra perspectiva mucho más familiar.

El blog me ha ayudado a reflexionar sobre mis experiencias y a tomar un respiro cuando las cosas no salen como lo espero. Lo lindo es que a través de los post que publico otros se han animado a compartir sus propias experiencias, porque finalmente yo no soy la única con deseos de ser escuchada a este lado del charco.

Hoy miro hacia atrás y recuerdo el día que salí de Colombia sin fecha de retorno. Realmente no era muy consciente de lo que dejaba ni de los retos que implicaba empezar una nueva vida en otro país. Emigrar es más que subir a un avión y decir adiós. Es una acción que cambia la vida, prueba nuestra fortaleza y qué tan receptivos somos al cambio. Nos lleva a replantearnos lo que queremos para nuestra vida, porque la forma como vemos el mundo ya no es la misma.

Aun así creo que si tuviera que emigrar de nuevo lo volvería a hacer. Pero esta vez, le daría muchos más abrazos a mi madre antes de partir.

 



Karina Ausecha Penagos es comunicadora social y periodista egresada de la Universidad Autónoma de Occidente de Cali. Durante tres años trabajó como periodista para la Agencia Colombiana de Noticias Colprensa. Después pasó al campo de la comunicación organizacional en el Instituto de Evaluación Tecnológica en Salud y en la Agencia Nacional del Espectro, donde se desempeñó como jefe de prensa. Actualmente vive en Mannheim, Alemania con su esposo, donde trabaja como periodista freelance en creación de contenidos y como consultora en comunicaciones para firmas de habla hispana.

Blog: www.alotroladodelcharco.com

Facebook: www.facebook.com/alotroladodelc

Twitter: @alOtroLadodelC

Instagram: alotroladodelc



 

 

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