despegando

Recuerdo la primera vez que viaje en avión, apenas tenía 13 años y era difícil para mi imaginar los cambios de ciudad, cultura y amigos que se avecinaban. Es increíble como pequeñas cosas como subir a un avión, sentir la adrenalina, el vacío al despegar y la vista amplificada desde del espacio, despiertan tantos sentimientos y emociones. Este recuerdo despertó al recordar el viaje cuando dejé Colombia, creo que muchos de nosotros pasamos por lo mismo. Es inevitable derramar lágrimas por dejar a tu familia, amigos, lugares donde creciste y todas las experiencias vividas.

Es en ese viaje donde toda tu vida pasa por tu cabeza y sientes esa nostalgia, ese nudo en la garganta al saber que ya no hay vuelta atrás, es cuando finalmente, sientes el peso de tu decisión. Muchas veces los cambios ocurridos, experiencias personales o incluso una idea loca nos llevan a tomar la decisión de hacer un cambio en nuestras vidas. Esa decisión siempre tiene algo en común, la búsqueda de mejores oportunidades sea en el amor, estudio, trabajo o porque no, todas.

Hoy, después de cuatro años de haberme ido, es bonito recordar todo ese proceso que arrancó con un: “Que tal si me aceptan mi presentación en ese congreso?” a terminar con un mundo nuevo en donde tuve que aprender a buscar los recursos para viajes académicos, a proyectarme y darme a conocer en un área en donde las mujeres aún somos minoría y fue un gran reto personal afrontar nuevos idiomas, culturas y desenvolverme en un lugar totalmente diferente.

Como Entre Colombianas y Letras, hoy emprendo este nuevo viaje para compartir las miles de aventuras, sustos, lágrimas, risas y momentos inolvidables que me llevaron a este lugar del mundo llamado Knoxville, Tennessee a cumplir un gran sueño, hacer investigación. No fue un camino fácil, fueron varios años de sacrificios, dejar de salir, comprar cosas y vivir con lo mínimo para poder alcanzar una meta. Pero todo sacrificio que uno haga por sus sueños tiene sus recompensas y hoy puedo decir que los recuerdos son valiosos porque no es el dinero ni las posesiones personales lo que te hacen feliz, son la calidad de los momentos vividos, aquellos que te dejan sin aliento.

Hoy sólo quiero decirles que vale la pena soñar y que no hay nada ni nadie que puedan quitarte el impulso una vez te lanzas a perseguirlos! Me despido con esta frase:

Nada sucede a menos que primero sea un sueño”
Carl Sandburg

diana-constanza


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