Como si ser madres por primera vez no fuera lo suficientemente difícil, nosotras escogimos serlo fuera de nuestro país natal, lejos, muy lejos de nuestras familias y amigos, en Australia.

Así fue como nos conocimos, recién paridas, invadidas por nuestras hormonas, llenas de miedos e inseguridades, experimentando por primera vez lo que es la maternidad, la lactancia, las noches en vela y al mismo tiempo descubriendo el amor más puro, el que nos inspira, el que nos motiva, el que nos llena de razones.

Nuestros hijos tenían tres semanas cuando empezamos a asistir a unas reuniones que programa la localidad donde vivimos, para las madres nuevonas. Lideradas por una Enfermera aprendimos técnicas de crianza, primeros auxilios, resucitación de bebes, trucos de lactancia, como calmar a los bebes y hacer que duerman e innumerables temas que nunca nos imaginamos que deberíamos aprender, pero que resultan absolutamente necesarios en una situación como la nuestra, donde no contamos con la sabiduría de nuestras madres o los remedios caseros nuestras abuelas, o los brazos arrulladores de familia y amigos o los servicios de una niñera o empleada de servicio doméstico.

Después de 12 semanas de mucho aprendizaje, continuamos reuniéndonos con el grupo de mamás compartiendo una infinidad de experiencias, que nos ayudaron a sentirnos acompañadas en el proceso y estrechar nuestros lazos de amistad. Casualmente en nuestro grupo de mamás había 4 mamás de habla hispana, así que fue aún más fácil conectarnos porque compartíamos nuestro amado Español.

Entre actividades para bebes, largas caminatas y tardes de café transcurrió nuestra licencia de maternidad y solo en ese momento descubrimos que volver a trabajar tiempo completo era impensable. Queríamos seguir disfrutando de tiempo de calidad con nuestros hijos en el rol más importante que hemos desempeñado en nuestras vidas, el de madres. Así que decidimos regresar a trabajar medio tiempo, con la idea de desarrollar algo paralelo que nos permitiera en un futuro tener la flexibilidad necesaria para poder seguir disfrutando de nuestra maternidad.

En esa búsqueda nace HappyRoo una tienda virtual de ropa y accesorios para niños, un proyecto de emprendimiento que queremos con el corazón porque ha representado muchísimo aprendizaje, enseñándonos a vencer miedos, y derrotar imposibles. Con esta berraquera que recorre nuestras venas, como buenas colombianas, tenemos la energía suficiente para paralelamente liderar un grupo de mamas latinas en Melbourne y dos grupos de mamas de nuestra localidad. Además, somos voluntarias en una ONG que ayuda a madres y niños de bajos recursos, y seguimos trabajando en nuestros trabajos regulares, sin descuidar nuestras labores de madres y esposas.

No podemos estar más orgullosas del camino que hemos recorrido juntas. Agradecidas con nuestros maravillosos esposos e hijos por su apoyo incondicional y con la vida por todas las oportunidades que nos ha brindado para desarrollarnos y trabajar en lo que nos apasiona. Y aunque seguiremos lejos de Colombia continuaremos honrándola y llevándola en nuestro corazón, como las orgullosamente colombianas que somos.  Andrea & Ginna

 

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